sábado, 15 de noviembre de 2014

Matchupicchu

La mañana amaneció muy lluviosa, entonces nuestra idea de empezar a subir la montaña bien temprano, se vio un poco demorada. Nos preparamos el bolso con ropa de lluvia y arrancamos
Nos habían explicado que podíamos ascender en los colectivos que te llevan hasta la cima, pagando diez dólares o en su defecto, hacerlo a pie, lo que demoraría más o menos hora, hora y media.
Obvio, que principalmente yo,  quería subir la montana a pie. Oscar no muy convencido, accedió a mi elección, y ahí fuimos a  intentar hacer al menos un poco del camino, aunque después también nos dijeron, que las personas que lo hacen, no llegan a la ciudadela por ahí.
El paisaje era hermosísimo, estábamos en el medio de la selva subiendo rampas y escalones, rodeados de vegetación. Los primeros  veinte minutos fuimos bárbaro, ahora a mitad de camino, les puedo asegurar que las piernas comienzan a sentir el ejercicio, y la altura hizo que nuestras pulsaciones se aceleraran
También debo decir, que aquello que la gente normal hace en una hora y media, con Oscarcito a la cabeza lo hicimos en 45/50  minutos. Eso si, llegamos con las remeras completamente mojadas, el pelo, chorreando agua, en una palabra agotados!! Las fotos lo demuestran
Por supuesto que excepto algunos estudiantes que estaban de viaje de egresados, no nos cruzamos a nadie en el camino, dado que todos suben con el servicio de bus. Pero la experiencia bien valió la pena, aunque principalmente Oscar, se acordara de alguna de mis hermanas en su camino hacia arriba jajajajaj
Por fin llegamos. El lugar es verdaderamente increíble. Una ciudad construída en piedra, en la cima de la montana con espacios donde sembrar, templos,  viviendas, graneros, fuentes de agua natural. etc
Como no nos bastó con la subida que hicimos, la guia nos explicó que con el ticket podríamos acceder a la "puerta del sol". Otra horita a pie. y por supuesto que hacia arriba.
El paisaje debía ser hermoso, aunque lamentáblemente no lo pudimos apreciar por la lluvia y la niebla que nos acompano casi todo el día.
La hora se nos paso sin darnos cuenta  y pasadas las dos y media de la tarde  emprendimos la bajada al pueblito nuevamente, para retornar a Cuzco.
En nuestro camino nos cruzamos con los chaskis -no se como se escribe-, cargados con bolsos, carpas y demás cuestiones de las personas que hacen el camino. Pobres, agotados, con las espaldas completamente dobladas y en su mayoría indígenas, que casi no nos entendieron cuando los saludamos.
No me gustó para nada y reivindico  lo que siempre pensé, el que se siente lo suficientemente aventurero para hacer el camino del Inca, que se lleve sus propias cosas y el que no, que no lo haga.
Agotados, pero muy contentos, volvimos a Cuzco, luego de otras cuatro horitas de viaje, esta vez compartido con unos Colombianos que conocimos en el tren. Luego de una ducha reparadora, a comer... 



















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